Árboles nativos de la Amazonía

Actualizado: 1 de dic de 2020

Este blog es la tercera entrega de nuestra serie acerca del Ecuador como un país megadiverso. Puedes leer el primero aquí, en donde explicamos qué es la megadiversidad y por qué nuestro país se encuentra en el sexto lugar en todo el mundo en esta clasificación. El mes pasado, nos enfocamos en algunas de las especies endémicas de animales del ecosistema en donde está ubicado nuestro proyecto; es decir, el bosque tropical húmedo amazónico (puedes leerlo aquí). Este mes, en cambio, lo vamos a dedicar a tres especies de árboles muy emblemáticas del Ecuador, en general, y de la Amazonía, en particular: el guayacán, el palo santo y el ceibo.


Guayacán (Tabebuia chrysanta)

Cuando está en floración —incluso a la distancia— el árbol de guayacán es muy fácil de reconocer: sus flores, —en forma de pequeñas trompetillas— son de un color amarillo intenso muy distintivo. Este hermoso árbol, de lento crecimiento, alcanza una altura máxima de unos 35 metros y un diámetro de hasta 60 centímetros. Tiene el tronco recto y delgado, y su corteza es de color gris a café oscuro. Sus hojas se parecen un poco a una mano con los cinco dedos extendidos.


Este árbol, al ser nativo de la América tropical, forma parte de la cultura de los pueblos indígenas, e incluso es mencionado en algunos mitos originarios de los Kichwas amazónicos: por ejemplo, desde la alta copa de un árbol de guayacán uno de los cuatro sobrevivientes del gran diluvio divisó a una sirena del río, Yaku Muja Warmi. El joven vio que la sirena dejó a sus dos hijas bebés a la orilla del río; él las raptó y se las entregó a su hermana, para que ella las criara. Según el mito, con el paso de los años, ellas luego serían, junto con el joven que las encontró, las madres y el padre de todo el pueblo Kichwa. En otro mito, un mono aullador que quería volar buscó la ayuda de un gallinazo, quien le cubrió de plumas. Luego, el mono se lanzó de la cima de un árbol de guayacán…


Su madera, de excelente calidad, es oscura, pesada, dura y resistente, y tiene, por lo tanto, un alto valor económico. Por este motivo, ha sido muy cotizada para hacer muebles, carrocerías, pisos de parqué, artesanías finas, entre otros productos. Lastimosamente, debido a esto, ha sido sobreexplotado y, actualmente, está en peligro de extinción.


Palo santo (Bursera graveolens)

El palo santo es muy conocido por su agradable aroma, que tiene asociaciones de carácter espirituales, tanto para los pueblos indígenas amazónicos, como para la religión católica, en donde se ha usado como sahumerio en las iglesias desde tiempos coloniales. Según las creencias del pueblo Kichwa amazónico, el palo santo puede curar dolores musculares y óseos, y puede limpiar la casa y otros ambientes de las malas energías, y curar del “mal de ojo” a los niños.


Crece sobre todo en los bosques primarios y puede alcanzar una altura de 40 metros y un diámetro de 1,20 metro. Su tronco es recto, redondo y rugoso, y la corteza es de color gris oscuro con puntos blancos, y tiene placas que se desprenden. Las hojas son verdes y sus flores son rojas. La fruta, pequeña y comestible, es de color negro brillante.

Su madera es semidura y de buena calidad; se utiliza para hacer tablas de tríplex, encofrados en la industria de la construcción, y en la carpintería. Lamentablemente, esta especie también está en peligro de extinción, debido a la sobreexplotación para su uso, no solo como madera, sino para fines espirituales.


Lo irónico es que no sirve de nada talar el árbol para obtener incienso, pues solo sirve la madera de un árbol que ha tenido una muerte natural, y que ha reposado en el suelo del bosque durante varios años; es en ese proceso que la madera se madura y adquiere las propiedades aromáticas, curativas y espirituales que se le adjudican.


Por lo tanto, para proteger esta especie de la extinción y, a la vez, aprovechar los beneficios de su madera, es necesario realizar una cosecha sostenible; es decir, recoger solamente la madera que se encuentre en el suelo del bosque.


Ceibo (Ceiba pentandra)

Para el pueblo Kichwa amazónico, el ceibo, o ceiba, es un árbol sagrado: representa el alma de la selva. Es un árbol fácil de distinguir, pues es enorme y muy grueso y su densa copa hace mucha sombra. Es uno de los más grandes de la selva amazónica, pues puede alcanzar una altura de 70 metros y un diámetro de tres metros. Su tronco, de color verde hasta gris, es cilíndrico y recto, y está cubierto de espinas muy distintivas. Sus raíces son muy grandes, por las cuales también es fácilmente reconocible: son anchas y altas, y ¡pueden medir hasta 5 metros!


La flor, de color rojo, tiene un perfume muy agradable. La fruta, en forma de cápsula, es de color verde-amarillento y es de tamaño mediano. Contiene muchas semillas negras cubiertas de unas fibras blancas y lanosas, muy parecidas al algodón. Durante la temporada de fructificación, de diciembre a enero, la fruta se abre en el árbol y las semillas pegadas al algodón se vuelan con el viento.

Este majestuoso árbol tiene muchos usos para los humanos, pero La fibra (conocida como kapok) es el producto derivado más importante. Se utiliza como aislante térmico y acústico en cámaras frigoríficas y en aviones. También se usa para rellenar colchones, almohadas, salvavidas, bolsas de dormir y flotadores.


Aparte del kapok, todas las partes del árbol son muy útiles: las semillas son comestibles si se les cocina o tuesta, y de estas también se extrae un aceite que se usa para fabricar jabones, pinturas y mantequilla; las hojas sirven de alimento para el ganado; la madera se usa para hacer contrachapados, encofrados, balsas, chapa y papel; la corteza tiene propiedades medicinales y antiinflamatorias: se usa para curar heridas, granos, abscesos y tumores, y para calmar los dolores de muelas y del reumatismo; y, la savia del tronco y una decocción de las flores sirven para curar enfermedades intestinales.


La importancia cultural y ambiental

de estas especies nativas


El hecho de que estos árboles, tan distintivos y característicos de la selva amazónica, estén en peligro de extinción o amenazados, es alarmante. La pérdida de una especie nativa socava la biodiversidad que hace del bosque tropical un lugar tan excepcional e implica un grave problema ambiental. Además, representa una pérdida cultural, porque estos árboles, con todos sus usos, (así como los animales nativos amenazados de los que hablamos el mes pasado) son una parte intrínseca de las tradiciones ancestrales del pueblo Kichwa amazónico. La conservación de los bosques primarios que aún quedan y la restauración de los bosques que han sido talados es la mejor manera de revertir la tendencia de destrucción y deforestación. La importancia del trabajo de restauración y conservación no es solamente ambiental: también es cultural.


Fuentes:


Fundación Ishpingo, Guía práctica para la reforestación, Recolección de semillas, Manejo de vivero y Agroforestería; Fichas técnicas de las principales especies maderables - Alto Napo - Amazonía Ecuatoriana, Tena, Ecuador, 2008.


La selva, los pueblos, su historia: mitos, leyendas, tradiciones y fauna de la Amazonía ecuatoriana; S.J.A. Valarezo; Ediciones Abya-Yala; Quito, Ecuador, 2002.


Sabiduría de la Cultura Kichwa de la Amazonía Ecuatoriana, Andy Alvarado, Pedro, et al; Tomo I, UNIVERSIDAD DE CUENCA; Cuenca, Ecuador, Primera edición: 2012.

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